A finales de los sesenta, todo era pop; nos hicimos hippies, alucinamos y alunizamos.
Primera llegada a la Luna, Apolo XI, excepcionalidad; segunda llegada, Apolo XII, normalidad. Con normalidad los del Apolo XII llevaron a bordo un calendario Playboy, con una conejita desnuda, un icono pop.
Pasadas más de cuatro décadas, todos somos materialistas.
El calendario se subastó , de salida a mil dólares, pero algún fetichista elevó exponencialmente el precio.
Al parecer a alguien normal se le ocurrió pensar que tres hombres solos a 760.000 kilómetros de cualquier mujer iban a echar de menos la imagen femenina; metió en la nave el calendario con una modelo del gusto del americano medio, mostrando sus pechos, pulcros, blancos, con las marcas del sujetador, pero escandalosos para 1969, año en sí mismo erótico.
Según el catálogo de la subasta, "en la tradición popular de los astronautas, el vuelo de las conejitas de Playboy se ha quedado como una de las bromas más icónicas".
En los siguientes vuelos ya fue costumbre. El hombre en el espacio necesitaba imágenes femeninas.
El astronauta Gordon no pisó la Luna, se quedó en la nave con la modelo y le cogió cariño al calendario. Ahora tiene 81 años y dice que "el calendario que voló conmigo a la Luna ha estado en mi posesión y ha sido parte de mi colección personal de objetos espaciales desde mi regreso a la Tierra en 1969".
Éramos parte de la cultura pop, somos materialistas, éramos románticos, somos lunáticos.
La Luna sigue ahí, las conejitas del Playboy también.
Muchos hombres siguen en la Luna, otros siguen empeñados en tirarle piedras.
¿Qué especímen debo ser Yo?
jijiji